domingo, 4 de marzo de 2007

Humanidad

educación.
(Del lat. educatĭo, -ōnis).
1. f. Acción y efecto de educar.
2. f. Crianza, enseñanza y doctrina que se da a los niños y a los jóvenes.
3. f. Instrucción por medio de la acción docente.
4. f. Cortesía, urbanidad.



humanidad.
(Del lat. humanĭtas, -ātis).
1. f. naturaleza humana.
2. f. Género humano.
3. f. Conjunto de personas.
4. f. Fragilidad o flaqueza propia del ser humano.
5. f. Sensibilidad, compasión de las desgracias de nuestros semejantes.
6. f. Benignidad, mansedumbre, afabilidad.
7. f. Cuerpo de una persona.



Si bien dudé en el título de este segundo, y esperado (es una ironía), blog, fue solo un momento. Enseguida supe que debía titularse "Humanidad" y no "Educación". Y es que son cosas muy diferentes, tal y como he comprobado en el diccionario on-line de la RAE. Bueno la verdad es que la cuarta definición de educación quizás me haya sorprendido un poco... Bueno, y en este blog quería hablar de estas dos palabras y aprovechando sigo el consejo de hacer un texto un poco mas largo, para desgracia de algunos (para que engañarnos esto esta demostrado que no lo lee nadie...).


Comenzaré comentando algo que dice un amigo mío. Mi amigo se queja de la gente con complejo de castor, y no es que tengan los dientes largos, no. Son esas personas que aparecen cuando tienes prisa y la calle es estrecha y crean un "presa" y ya puedes estar desangrándote que apunto de perder el metro que ellos van en plan barricada (presa), y no les adelantas vamos.... O la gente que chilla en el metro por el móvil, los que empujan en las colas pensando que así tal vez lleguen antes... Y podría llenar veinte posts con ejemplos.


La cuestión es que por motivos de familia suelo subir a Madrid (y digo subir porque creo que es una meseta, porque en el mapa ya se que esta más abajo). Y la última vez que fui me toco volver sola, no era la primera vez pero si la primera vez que mis padres (por causas mayores) no me iban a buscar a la parada de San Mames y como los domingos no hay metros toda la noche pues me tocaba coger un taxi. Lo del taxi ya me daba un poco... de "yuyu" y encima perdí el autobús de las 7 de la tarde. Así que cogí el de las 8. Unas cinco horas de viaje mas sola que la una y con pelis malas, da igual tengo mi libro. La cosa empezó mal, me dolía muchísimo la cabeza y tenia una sed enorme por culpa del shusi y el sashimi de mi primo... que se paso echando vinagre de arroz al arroz (si si, vinagre de arroz, que los japos son raritos).


Como decía la cosa empezó mal, y ya nada más subirme vi que alguien se había sentado en mi asiento, el 17. Era un chico joven (...eso queda a lo viejo), aún así le dije muy educadamente: "Creo que te has sentado en mi sitio" A lo que me contesta mirando su billete también muy educadamente: "Creo que no, aquí pone; plaza: 17" Entonces caí en que la 17 era mi plaza de ida, la de vuelta era la 34. Se lo explique educadamente y el con gran humanidad me dijo que no pasaba nada. Así que me senté en la plaza: 34. La plaza: 33 estaba ocupada por un chico joven (también) que estaba jugando a la psp. Le pedí educadamente que me dejara pasar a mi asiento (ventanilla) y no se si por humanidad o estupidez (que me da a menudo) no quise molestarle y me pose la sudadera, el polar y el bolso sobre las piernas, la botella de dos litros en el suelo y saque el libro.


Segundo fallo, mi luz no funcionaba, así que encendí la de al lado (la del chico con la psp). Se veía bien. Cuando llevaba diez minutos leyendo tranquilamente me dice el chico muy educadamente pero con rintintín: "¿Podrías encender tu luz? Es que veo la pantalla un poco clara." A lo que le contesto muy educadamente pulsando el interruptor: "Creo que esta fundida, espero que no te moleste." Farfullo algo como que no le molestaba y de repente me dio la espalda y de repente se debió convertir en contorsionista del Circo del Sol, porque hundió la cabeza sobre la maquinita, subió una pierna con la rodilla más alta que la cabeza y con el hombro trato de tapar todo resquicio de luz. Yo no sabia si reírme o llorar. La cuestión es que aguantó así cinco minutos, porque pasado ese tiempo se giró hacia mi y ya con ese tipo de educación cínica va y me suelta: "Oye, ¿Te importaría ponerte en otro asiento?" Fueron tres segundos o así los que estuve con cara de lerda mirando a mi alrededor (que había bastante sitio libre) hasta que localice uno de mi agrado y mientras por mi cabeza pasaba: a) Invitar al chaval a tomar... otro asiento con menos luz (ya que el problema era suyo). b) Poner cara de "urbanidad y cortesía" (que es un gesto que todos adoptamos muchas veces en nuestra vida) y moverme.


La cosa es que con el polar y la sudadera pillados entre el brazo y el ante brazo, el bolso-saco colgando, la botella de dos litros para el reseco y el libro de 600 paginas en la mano marcando la página con un dedo, es dificil moverse por un autobus en marcha, pero no todo eran desgracias, ¡Me quedaba un brazo libre para mantener el equilibrio y la boca para agarrarme a los asientos! (Me he pasado de sarcástica). Bueno, me puse atrás del todo, ese sitio donde nadie quiere ir. Al lado una chica (joven) discutiendo con el ¿novio? por el móvil. Le pregunté educadamente si podía sentarme al lado para que quitara su bolso y tal. Me respondió educadamente que si y yo por humanidad me puse los auriculares del ipod, sin música porque no me gusta cuando leo, para demostrar fisicamente que sus peleas amorosas no me incumbían lo mas mínimo, por si acaso.


Parada en Lerma. Estirar las piernas, bocata de jamón, zumo de naranja, donuts, llamada ama, 25 minutos. ¡Que horror las dos horas restantes! Resulta que nadie se sienta atrás porque los asientos están encima de las ruedas y el autobús bota más así que tuve que dejar el libro. Pero la batería de mi ipod decidió que era buen momento para acabarse (mia culpa) y tuve que suportar los gritos de una pareja ¿coreana? que no por hablar en un idioma que ningún pasajero comprendía lo hacían más bajo, sino todo lo contrario. Aso de las 11:30 cuando se callaron (y no volvieron ha hablar en todo el viaje...) Un señor (mayor) sentado atrás también dos asientos a mi izquierda comenzó a sufrir un ataque de "moquitis", vamos que se sorbía la nariz de un modo inhumano y dicho sea de paso repugnante... Todo mi plan de dormir hasta llegar a casa destrozado. Solo me que decir que el tío no dejó de sorberse los mocos (o eso creo que hacía) hasta que llegamos a Bilbo a la una menos cuarto de la madrugada. Porque no tenia pañuelos en el bolso-saco, que si no le habría ofrecido uno. No por educación ni humanidad, ni siquiera cortesía... por puro egoísmo y mala leche.


PS: Un día me dijeron: "Tu problema es que crees que puedes cambiar el mundo." Pero mi problema es que hace muchos años que me di cuenta de que no podía.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

¡Esa Irati!Qué razón tienes...si vieras mis paseos en metro todos los sábados...

Marian Mugerza dijo...

Esto es lo que llamaríamos un post de "viajes" divertido. ¿Tiene moraleja?

Irati dijo...

¿Post de viajes? No se si tiene moraleja.